jueves, 17 de mayo de 2012

Los Zeromen cap. II Guillermo Vidal

Lo que fuera una esfera perfecta achatada en los polos y azul, ahora se veía como un pelota ennegrecida y abollada, con enormes pedazos arrancados de cuajo por alguna feroz criatura planetaria y en medio de una multitud de rocas del tamaño de ciudades girando en una danza caótica. En algunas de esas moles desprendidas todavía había ciudades, al menos una parte de ellas sobreviviendo gracias a los escudos que las envolvió durante el ataque. Sus habitantes no eran muy aficionados a los visitantes, no importaba si también eran terrestres.
Jordán( ex linterna verde) estaba al tanto del peligro que corrían pero ya no podían echarse atrás. Superman estaba en una situación extrema y corría peligro de quitarse la vida; el que fuera el invencible hombre de acero ahora estaba en un rincón de la pequeña nave con la mirada perdida y babeando por las comisuras. Sus viejos amigos, a pesar de los temores Peter(ex hombre araña) decidió acompañarlos y harían un último intento de rescatarlo llevándolo hasta alguno de esos domos sobrevivientes de la catástrofe con la intención de recuperar algo de esa tierra por la que tanto se lamentaba.
Por desgracia no quedaba ninguna ciudad norteamericana, excepto un pedazo de Nueva york sin nadie vivo y decidió  que Buenos Aires era la mejor opción por ser la que estaba en mejor estado y había sufrido menores daños, albergaba una zona completa del antiguo centro y parte del puerto que por supuesto incluso contenía agua en una especie de dique artificial con algunos barcos anclados.
—Es lo mejor que encontré.
—Pensé que algo de nueva york había sobrevivido.
—Pero esta deshabitada, los sobrevivientes se agruparon en el domo de chicago, pero no lo aconsejo, allí lo van a  matar apenas lo vean.
—Puede resultar peor, al ver lo que ha quedado.
—No dije que fuera infalible, si tenes una idea mejor estamos a tiempo.
—No creo que no.
Mientras conversaban Superman se había deslizado al ojo de buey y miraba el domo resplandeciente de luces con la silueta inconfundible de una ciudad de la tierra y por primera vez en mucho tiempo un destello de vida le iluminó la cara.
Aterrizamos sin dificultad, lo curioso era que ahora el secreto consistía en que no se dieran cuenta de que eran, o habían sido superhéroes. Con nombre falsos desembarcaron con el permiso de pasar el día, vestidos como gente común en medio del ajetreo de las calles iluminadas, un pequeño obelisco en el centro, negocios con gente comprando, parecía que nada había sucedido.
Superman parecía otro, como si quisiera quitarse la ropa que lo ocultaba y lanzarse a volar con su uniforme de superhéroe. Por fortuna se quedó sentado en el banco de la vereda, tomando el helado.
—No creo haber sobrevolado esta ciudad jamás.
Superman de improviso salió disparado y en un segundo tomo del brazo a una sorprendida mujer que estaba caminando.
—¿Luisa. Luisa Lane?
—Hace mucho tiempo que nadie me llama así —dijo ella con lágrimas en los ojos y se arrojó a los brazos de Superman.
—Te busqué después de la rendición, pensé que había muerto —dijo Superman sin soltarla. Ella se apartó levemente para mirarlo a los ojos.
—Estaba muerta, me rescataron, al menos en parte y fui reconstruida, técnicamente soy un clon, una copia. No soy tu Luisa, lo siento— ella se soltó y le tomo la mano como si se estuviera despidiendo.
—Yo no veo la diferencia —dijo él y la atrajo para estamparle un largo beso. Un grupo de gente aplaudió la escena.
—Yo tampoco —dijo Jordan a su sorprendido acompañante
— Éramos más exigentes, en otra época no lo hubiéramos soportado. ¿Qué nos pasó? —respondió Peter.
—La guerra.
—¿Nos hizo mejores a pesar de las derrotas?
—Estamos vivos y Superman revivió y esta feliz. No sé que es mejor. 

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