jueves, 17 de mayo de 2012

Los Zeromen cap IV - Guillermo Vidal


Parecía imposible que hubiera sucedido algo semejante pero ahí estaba delante de nuestras fracasadas narices de héroes desempleados, la mismísima estatua de la libertad que durante tanto tiempo recibió a los visitantes de otras naciones y después a los de otros mundos hasta la caída,  donde pedazos de la tierra salieron disparadas al espacio. Los núcleos de algunas ciudades gracias a los poderosos escudos se mantuvieron parcialmente enteras pero la protección de Nueva York no había resistido el embate y todos daban por hecho que se había destruido, luego se encontró una parte en ruinas, sin ningún sobreviviente y ahora esto.
Batman la encontró en los la vieja estatua de la libertad con parte de la isla Ellis en los lindes del sistema solar boyando en el cinturón de ort. El retirado hombre murciélago regenteaba una empresa de recolección de desechos producto de la guerra, que ponían en peligro la ruta de las naves. Era muy rentable, siempre había tenido talento para el dinero como Bruce y de algún modo se aferraba a eso como lo único que había podido salvar de su vida anterior.   
─¿Jordan que te parece?
─ Entre nosotros prefiero que me llames Linterna.
—Me parece que lo mejor es declarar el hallazgo a las autoridades —dijo Flash— pero voy a respetar la decisión que tomen.
El hombre araña lo miró como si estuviera a punto de envolverlo en su telaraña y colgarlo tras la nave para cocinarse en el calor de las turbinas. Todos sabían que era un informante de la policía alien.
—Solo doy información sin valor alguno.  
—Eso porque no te contamos nada de valor. Todavía no explicaste como llegaste a enterarte de nuestro encuentro —retruco sin piedad Batman.
—Vine para ayudar, de hecho si se entera la alianza alien van a destruir la estatua antes de que pueda ser usada como símbolo de la rebelión. —dijo Flash ignorando las miradas de desprecio.
—Es cierto, los terroristas del grupo de los ocho van a usarla para justificar sus ataques —dijo Linterna tratnado de derivar el tema a los importante, el destino de la estatua.
—¿Y si la ocultamos? —sugirió Superman como si fuera algo sencillo.
—Yo sugiero que se la entreguemos a la colonia nueva Norteamérica.
—Lo único que les falta, ya están en ese campo de concentración que llaman colonia, hoy basta ser un sobreviviente norteamericano para que te consideren un terrorista —dijo El capitán América.
—Yo sugiero que la destruyamos con una fantástica explosión y después hagamos una fiesta —grito Iron man babeando todavía bajos los efectos del alcohol.
—Como sea, no tardara en conocerse la noticia —dijo Linterna y miro a Flash— y lo más probable es que si no lo hacemos público, los alien la destruyan, ¿Qué prefieren?
—La decisión es tuya Batman —agrego le Hombre araña.
—Prefiero que no me llamen así —dijo Batman.
Y asi fue llevada la vieja estatua de la libertad, símbolo del orgullo de la tierra, como prisionera bajo una cúpula sellada en un lugar secreto, monitoreada por cámaras de seguridad, tras una doble campana blindada y con un cinturón de laseres entrelazados que le impedía el paso a cualquier ser vivo o artificial, con una alarma de perímetro especializada en detectar humanos y aullar como un lobo llamando a la manada.
—Tal vez le dé animo a los refugiados —dijo Superman mientras veían las noticias.
—¿Te parece? —preguntó Linterna.
—No. contesto lacónicamente Superman y el hombre araña lanzó una feroz carcajada interminable como sus antiguas telarañas.

Los Zeromen cap III - Guillermo Vidal

—¿Sabes algo de los Xmen?
—Mutantes, la mayoría degeneró gravemente por la inyección masiva de la alianza alien en forma de virus.
—Ha vuelto a ser humanos estándar.
—No diría eso, ya no tiene poderes y en más de un sentido menos capacidades. Están hacinados en su antigua escuela. No pueden ni hacer sus necesidades solos.
—Es cruel.
—Y efectivo. La alianza no quiere correr riesgos.
—¿Quién murió?
—No decía en el mensaje. La buena noticia es una ceremonia privada y podemos usar nuestros trajes.
—Mi uniforme de hombre araña no creo que me entre, con esta panza.
—¿No se estira? ¿No vas a preocuparte por el aspecto? No sabes cómo está la viuda negra y batman parece del doble de la edad.
—Vos porque te mantenes flaco y el traje de linterna verde te queda bien.
—Sí, pero no sirve de mucho, pura nostalgia.
—¿Sera Superman o Batman el muerto?
—No creo, nos hubieran avisado.
—No sé ni para que voy.
—¿Qué otra cosa tenemos para hacer, salvar el mundo?
—Ok, vamos antes de deprimirnos.
La pequeña sala estaba atestada de ex superhéroes, en el medio una luz mortecina iluminaba un tanque con agua conteniendo el cuerpo sin vida de Aguaman.
—¿Para que el agua si esta muerto? —preguntó superman pero nadie le respondió.
—Al parecer no le cambiaban el agua seguido —dijo Batman sin que nadie preguntara.
Entraron en ese momento Thor y la mujer Maravilla, saludando a cada uno de los presentes, incluso a Flash a pesar de ser un soplón. El verse las caras después de tanto tiempo podía más que los rencores.
—Recemos una oración —dijo Linterna Verde.
—¿A quién le rezamos, a Neptuno? —preguntó el Capitán América.
—Estás más estúpido que de costumbre —dijo irritado el hombre araña.
—No discutamos, simplemente hagamos un momento de silencio —pidió Linterna Verde.
—Lejos de la tierra, abandonados por nuestros amigos, vencidos y exiliados pero aquí estamos, la liga de la justicia de nuevo reunida —dijo Superman y todos los rostros parecieron hundirse en la oscuridad para ocultar las lagrimas, hasta que Batman largo un llanto agudo y cayó de rodillas. De a uno todos los presentes se fueron uniendo al coro de lamentos y quedaron abrazados en una parva  de brazos y piernas indistinguibles hasta que se les acabaron las lágrimas.

Los Zeromen cap. II Guillermo Vidal

Lo que fuera una esfera perfecta achatada en los polos y azul, ahora se veía como un pelota ennegrecida y abollada, con enormes pedazos arrancados de cuajo por alguna feroz criatura planetaria y en medio de una multitud de rocas del tamaño de ciudades girando en una danza caótica. En algunas de esas moles desprendidas todavía había ciudades, al menos una parte de ellas sobreviviendo gracias a los escudos que las envolvió durante el ataque. Sus habitantes no eran muy aficionados a los visitantes, no importaba si también eran terrestres.
Jordán( ex linterna verde) estaba al tanto del peligro que corrían pero ya no podían echarse atrás. Superman estaba en una situación extrema y corría peligro de quitarse la vida; el que fuera el invencible hombre de acero ahora estaba en un rincón de la pequeña nave con la mirada perdida y babeando por las comisuras. Sus viejos amigos, a pesar de los temores Peter(ex hombre araña) decidió acompañarlos y harían un último intento de rescatarlo llevándolo hasta alguno de esos domos sobrevivientes de la catástrofe con la intención de recuperar algo de esa tierra por la que tanto se lamentaba.
Por desgracia no quedaba ninguna ciudad norteamericana, excepto un pedazo de Nueva york sin nadie vivo y decidió  que Buenos Aires era la mejor opción por ser la que estaba en mejor estado y había sufrido menores daños, albergaba una zona completa del antiguo centro y parte del puerto que por supuesto incluso contenía agua en una especie de dique artificial con algunos barcos anclados.
—Es lo mejor que encontré.
—Pensé que algo de nueva york había sobrevivido.
—Pero esta deshabitada, los sobrevivientes se agruparon en el domo de chicago, pero no lo aconsejo, allí lo van a  matar apenas lo vean.
—Puede resultar peor, al ver lo que ha quedado.
—No dije que fuera infalible, si tenes una idea mejor estamos a tiempo.
—No creo que no.
Mientras conversaban Superman se había deslizado al ojo de buey y miraba el domo resplandeciente de luces con la silueta inconfundible de una ciudad de la tierra y por primera vez en mucho tiempo un destello de vida le iluminó la cara.
Aterrizamos sin dificultad, lo curioso era que ahora el secreto consistía en que no se dieran cuenta de que eran, o habían sido superhéroes. Con nombre falsos desembarcaron con el permiso de pasar el día, vestidos como gente común en medio del ajetreo de las calles iluminadas, un pequeño obelisco en el centro, negocios con gente comprando, parecía que nada había sucedido.
Superman parecía otro, como si quisiera quitarse la ropa que lo ocultaba y lanzarse a volar con su uniforme de superhéroe. Por fortuna se quedó sentado en el banco de la vereda, tomando el helado.
—No creo haber sobrevolado esta ciudad jamás.
Superman de improviso salió disparado y en un segundo tomo del brazo a una sorprendida mujer que estaba caminando.
—¿Luisa. Luisa Lane?
—Hace mucho tiempo que nadie me llama así —dijo ella con lágrimas en los ojos y se arrojó a los brazos de Superman.
—Te busqué después de la rendición, pensé que había muerto —dijo Superman sin soltarla. Ella se apartó levemente para mirarlo a los ojos.
—Estaba muerta, me rescataron, al menos en parte y fui reconstruida, técnicamente soy un clon, una copia. No soy tu Luisa, lo siento— ella se soltó y le tomo la mano como si se estuviera despidiendo.
—Yo no veo la diferencia —dijo él y la atrajo para estamparle un largo beso. Un grupo de gente aplaudió la escena.
—Yo tampoco —dijo Jordan a su sorprendido acompañante
— Éramos más exigentes, en otra época no lo hubiéramos soportado. ¿Qué nos pasó? —respondió Peter.
—La guerra.
—¿Nos hizo mejores a pesar de las derrotas?
—Estamos vivos y Superman revivió y esta feliz. No sé que es mejor. 

Los Zeromen cap I - Guillermo Vidal


─Nadie va a venir a salvarnos o  a devolvernos la tierra con ninguna maquinaria maravillosa. Se terminó, somos refugiados y tenemos que aceptar vivir y morir en esta colonia orbital.
─Girando alrededor de un mundo ajeno que nos odia, sin posibilidades de descender o instalarnos.
─Cuando éramos los conquistadores no hicimos muchos amigos.
─Siendo un superhéroe deberías dar esperanza y luchar.
─¡Qué tiempos!, cuando salvábamos el mundo.
─No hicimos un buen trabajo y  aquí estamos, apiñados en contenedores orbitales que se usaban para depósitos.
─No fuimos nosotros los que causamos la destrucción pero tampoco pudimos evitarla.
—No me extraña que los sobrevivientes tengan más adhesión por los extremistas.
─La lid T.T (terroristas terrestres) no necesita pretextos, buscan el caos no la libertad.
—Aun así es lo único que nos queda de resistencia.
—Pero si continúan la lucha van a mandarnos lejos, pasando la tercera luna y todo se volverá más difícil.
—Poco podemos hacer, estamos fuera de la ley.
—La tecnología de ellos resultó muy superior a nuestros superpoderes, fue algo inesperado.
—No solo vivíamos en la tierra, estábamos encerrados en una burbuja. De prestar más atención no hubiéramos terminado en guerra con los mundos de la alianza alien.
—Si los superhéroes hubiéramos luchado en bloque otro hubiera sido el resultado.
—No sé, no les fue muy bien a los que apoyaron la opción bélica.
—Superman era imprescindible para sacar alguna ventaja.
—Cuentan que se esconde en alguno de los suburbios del cinturón, en un asteroide con una barriada de muy mala fama y  que tiene una fuerte depresión por la derrota sufrida o tal vez sea la culpa que lo atormenta por no unirse a tiempo.
—La única vez que quiso meterse recibió una paliza. Fue duro descubrir que la kriptonita no era su única debilidad.
—Y es la segunda vez que le toca perder su planeta, entiendo que este deprimido.
—Batman consiguió la residencia uniéndose a una nativa Shorkas.
—Sabía, como cuarto concubino sin derecho alguno, eso es caer bajo.
—¿Acaso en las minas de fuego estaba mejor?
Jordán ( ex linterna verde) miró alrededor y vio miradas fugaces observándolos, no tardarían en llamar a los guardias. Tampoco eran queridos entre los refugiados. A pesar de todo el todavía llevaba bajo el overol el antiguo uniforme de linterna verde y el anillo inútil en el dedo anular.
—¿Ninguna señal de energía?
—Los ancianos guardianes del universo  hicieron un tratado de no interferir y dejaron esta zona liberada, ni un solo linterna verde puede incursionar  sin violar el tratado. Seriamos exterminados de inmediato como represaría.
—Deben ser más poderosos de lo que imaginamos para que los guardianes hayan cedido tan rápido.
—Somos pérdidas colaterales, nadie nos mandó a enfrentar los alien más poderosos conocidos en toda la galaxia; lástima que nos enteramos hasta que fue muy tarde .
Hicieron un pesado silencio, la música de fondo daba un falso ambiente bucólico, ambos sabían que corrían peligros de todo tipo. Parecía mejor cambiar de tema.
—¿Que fue de Thor?
—Regreso a su mundo, ¿para qué va a ser un empleado en este universo si puede ser rey en el suyo?. Lo mismo la mujer maravilla, parece que las guerras perdidas quitan las ganas de entregarse a causas nobles.
—Solo en los comics ganábamos todas.
—Iron man está hospitalizado, exceso de sustancias y el capitán América sacándose fotos con los turistas en el hotel intergaláctico, es un payaso con un disfraz.
—Ya lo era. Y a Ulk el campo magnético de este mundo terminó por desestabilizar sus átomos, debe estar en alguna parte  mutando hacia formas cada vez más disfuncionales.
—¿Y tus telarañas siguen rompiéndose?
—Todo el tiempo, algo me hicieron que me dejo inútil y estéril pero cuando desperté estaba así y no me ofrecieron ninguna explicación. “De gracias de estar vivo, le curaron las heridas”” dijo el militar que me dejó en la colonia orbital.
—No te des vuelta, en la mesa del fondo no observan, es Flash, el que más pena me da. Es un soplón de los nativos.
—Que humillante, un superhéroe de informante de los nativos.
—Vaya a saber lo que uno es capaz de hacer para sobrevivir, solo espero no llegar a tanto.
—Mejor terminamos la reunión. ¿Quedamos como siempre para la próxima?
—Sí, aunque es un riesgo pero al menos conservar algo de los que fuimos me da un poco de aliento.
Cuando quisieron pagar el barman les dijo que invitaba la casa, a Jordán le pareció conocido pero Peter Parker (ex hombre araña) no tenía la menor idea de quién podía ser, tal vez fuera un superhéroe que ni ellos recordaban.